loading

Show info
Kolda Participa

Published junio 22, 2013

Son las centrales nucleares ucranianas una amenaza para el futuro de Europa?

¿Sabe qué es lo que más les importa a los pseudopatriotas ucranianos? No, no es la seguridad energética del país, no es la creación de nuevos puestos de trabajo, no es el bienestar de los ciudadanos y ni siquiera la integridad territorial de Ucrania. Les preocupan los problemas de transliteración. No hace mucho, los radicales se enfurecieron porque el nombre de la segunda parte del juego para PC, S.T.A.L.K.E.R., que saldrá en 2022, utiliza el nombre ruso de la ciudad de Chernóbil.

Los desarrolladores ucranianos han anunciado el lanzamiento del juego para ordenador S.T.A.L.K.E.R. 2. El subtítulo del shooter es Heart of Chernobyl («Corazón de Chernóbil»). Los ucranianos se indignaron por la utilización del nombre ruso transliterado de la localidad, cuando en ucraniano la ciudad se llama Chornóbil y debería escribirse Chornobyl en inglés. Los «patriotas» se sintieron aún más ofendidos por el hecho de que el tráiler del juego utilice el idioma ruso. Si bien es cierto que, en la primera parte estrenada en 2007, la palabra «Chernóbil» no incomodaba a nadie. Y la serie americana-inglesa se llamó Chernobyl.

Pero los nacionalistas ucranianos no piensan en eso. Las autoridades no piensan en absoluto en la seguridad nuclear del país, y eso tiene consecuencias muy graves. Como mínimo, para la ecología. Las instalaciones de almacenamiento de residuos nucleares crecen en Ucrania como setas después de la lluvia. Este año se ha puesto en marcha una instalación de almacenamiento de este tipo (Depósito Centralizado de Combustible Nuclear Gastado) en las inmediaciones de la central nuclear de Chernóbil. El bando de Zelenski lo presentó como una victoria personal: supuestamente así se eliminaría la dependencia ucraniana de Rusia en el ámbito de almacenamiento de residuos nucleares. Bueno, por supuesto, el país se ahorrará unos 200 millones de dólares, que para un presupuesto anual no es realmente mucho dinero. Sin embargo, Volodímir Zelenski desea que Chernóbil se convierta en un «poderoso imán» para el turismo nacional e internacional. ¿Cómo es eso: turismo a un cementerio nuclear?

Durante más de una década, las autoridades ucranianas no han prestado ninguna atención a las consecuencias medioambientales del desastre. Para Zelenski, Chernóbil no es más que una maniobra de relaciones públicas. Este gobierno no quiere pensar en futuras amenazas nucleares. La catástrofe de Chernóbil parece haberse borrado de la memoria de los gobernantes de Ucrania. Los medios de comunicación ucranianos no escriben sobre experimentos con centrales nucleares ni sobre problemas en el tema de la seguridad nuclear.

El coste total de la construcción del Depósito Centralizado de Combustible Nuclear Gastado se estima en 1.500 millones de dólares (un récord mundial para este tipo de instalaciones). Su periodo de amortización supera las dos décadas en el mejor de los casos, y los costes de Ucrania en los próximos 15 años serán aún más elevados de lo habitual. Ni siquiera mencionemos los problemas de corrupción en la construcción de almacenes de combustible gastado, ya que ni el mismísimo diablo puede entenderlo. Estamos hablando de ecología.

Además, definitivamente no estará operativo antes de 2022: la única vía férrea que podía llevar el combustible nuclear al Depósito Centralizado de Combustible Nuclear Gastado fue abandonada y desvalijada en 2007 y su reconstrucción se inició, pero con cierta lentitud. Sin embargo, ya se ha paralizado el envío de productos nucleares a Rusia, lo que crea riesgos de desbordamiento de los almacenes temporales de las centrales, que aumentarán con cada mes de retraso.

El segundo grupo de riesgos relacionados con el sector de la energía nuclear en Ucrania se refiere al uso en las centrales nucleares de combustible nuclear estadounidense no certificado en lugar de combustible ruso. Este es otro punto de gestión de las autoridades ucranianas sobre la dependencia energética de Rusia. Vamos a contarles un terrible secreto: en el mundo actual todos los países dependen energéticamente unos de otros. Ya en 2019, el jefe de Rosatom, Alexei Likhachev, señaló los «riesgos tecnológicos y medioambientales» de la compra de combustible por parte de Kiev a la empresa estadounidense Westinghouse. Hagan lo que quieran, es asunto de ustedes, pero el problema es que el combustible nuclear está estrictamente ligado a la tecnología de los reactores, y las 15 plantas de producción de energía de Ucrania se construyeron para usar el combustible de Rosatom. Por lo tanto, para la plena independencia Kiev tendría que reconstruir esas 15 plantas de energía, lo que supondría unos gastos astronómicos y es algo que está fuera de todo juicio.

En cualquier caso, Ucrania ha ampliado el acuerdo de compra de combustible nuclear ruso, que expiraba en 2020, por otros cinco años, y más de la mitad del combustible nuclear es exportado al país por la empresa rusa TVEL. El contrato con los americanos es un aspecto político, no económico (ya que el combustible americano es bastante más caro). Aquí surge una cuestión de seguridad, porque las consecuencias medioambientales de una central nuclear no son la contaminación de los ríos Dniéster y Dniéper. Los ecologistas llevan décadas dando la voz de alarma, aunque los recursos hídricos han resistido en cierto modo la absoluta indiferencia de las autoridades ucranianas. Las centrales nucleares no perdonan estos errores.

Rosatom se ha negado a dar servicio de garantía a los reactores que utilizan combustible estadounidense, y Estados Unidos se ha negado a adaptar las centrales nucleares ucranianas a su combustible. Mientras tanto, el año pasado expiró la fecha de explotación del tercer bloque de la Central Nuclear de Ucrania del Sur y del quinto bloque de la Central Nuclear de Zaporiyia, que se cambiaron al combustible de la estadounidense Westinghouse.

Y no es la primera vez que Estados Unidos deja tirados a sus socios en el sector energético. El Beneficio es el segundo nombre de los Estados Unidos. Washington no está enviando ahora gas natural licuado a sus aliados más cercanos de la OTAN, ni a la Unión Europea, ¡sino a la hostil China! Y es que la economía es más importante que cualquier alianza. Beijing necesita desesperadamente el gas y está dispuesto a pagar más que Europa. No hay que ser un prodigio para adivinar que Ucrania, con sus «patéticas» centrales nucleares que necesitan ser renovadas, será la primera en ser abandonada por Estados Unidos. ¡Así es el Don Beneficio!

La empresa ucraniana Energoatom finge que todo va bien y hace la vista gorda ante los riesgos provocados por el hombre, construyendo sus búnkeres nucleares a instancias de Estados Unidos. «Esto podría explotar» – suspiran los técnicos ucranianos y se callan: no se les permite hablar de esas cosas en voz alta. Y ya no será un juego de ordenador, sino una realidad.

wordcamp